El profesor, antes de ponerse a enseñar, debe tener claro cuales
son los fines que persigue en el proceso.
Existe una taxonomía clásica sobre los fines y objetivos
educativos [BLOOM79]. Pese a ser una referencia antigua
(la primera edición surge en 1956), aún es vigente y
continúa siendo punto de partida en muchos proyectos
docentes ([HERNANDEZ89], [TOJAR97], [SAHELICES94], [SIMON96],
[VACA98]).
Esta taxonomía divide los fines docentes en 6 apartados:
- 1.
- Conocimientos: Aspectos de información que se deben tener.
- 2.
- Comprensión: Capacidad de entender la información.
- 3.
- Aplicación: Capacidad de trasladar los planteamientos teóricos
(principios) a situaciones concretas y reales.
- 4.
- Análisis: Capacidad para descomponer un conjunto de información
en sus partes o aspectos.
- 5.
- Síntesis: Capacidad para componer, con elementos y partes, un
todo o conjunto de información.
- 6.
- Evaluación crítica: Juicios sobre el valor del material y de
los procedimientos utilizados.
Vemos que aparece aquí un doble aspecto: informativo (adquisición
de conocimientos) y formativo (desarrollo de habilidades para
razonar y criticar). En nuestro caso particular, no podemos renunciar a ninguno
de los dos aspectos. El plano informativo es fundamental ya que se
trata de asignaturas que pertenecen a áreas de conocimiento distantes
del carácter profesional de las titulaciones en que se imparten y
por lo tanto el aspecto divulgativo es básico. El plano formativo es
irrenunciable en la formación universitaria, especialmente
en carreras técnicas y más aún en los primeros cursos de las mismas.
Por lo tanto fijamos esos 6 fines educativos como la referencia
que debe guiar nuestra metodología didáctica y el trabajo de evaluación.