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Enseñar y evaluar son tareas naturales e innatas al ser humano. Desde que empezamos a tener uso de razón damos explicaciones a nuestros padres de los actos que hemos hecho y no dudamos de calificar a tal o cual amigo como listo o majo. La experiencia y la madurez hacen que estos procesos se perfeccionen añadiendo elementos de juicio y hábitos más eficaces. Del mismo modo, es una realidad que el profesor mejora su técnica y habilidades con la experiencia.
Además, existen multitud de teorías y técnicas docentes que aún desconozco y que pueden ser de gran utilidad en el proceso. Pensemos en las corrientes actuales de innovación educativa [TOJAR97] que abogan por la introducción de las tecnologías de la información como recurso docente [JONASSEN99]. Ser profesor de la universidad supone estar al día de los métodos y teorías que surgen como refuerzo del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Al finalizar cada curso, conviene hacer un ejercicio de reflexión sobre el mismo. Se analizarán los resultados obtenidos, el esfuerzo realizado y el nivel de satisfacción propio y el de los alumnos. Una buena fuente de información son las encuestas de alumnos. Si detectamos alguna deficiencia en el proceso significa que hemos dado un paso para mejorar. Para poder solucionarlo, buscaremos consejo y apoyo en otros compañeros y en el propio análisis crítico del problema y de las causas.
Es necesario pues, ser inconformista y crítico, y buscar siempre el perfeccionamiento de nuestros métodos con el único fin de mejorar la calidad de la enseñanza.